¿Y si se legaliza?

Por Erick Morales Romero

Diversas personalidades del medio político, cultural y científico han invitado a que se retome el eterno debate sobre una posible legalización de la marihuana en la Ciudad de México. Es un tema lleno de tabús y que se debe analizar como un problema de salud y no sólo de seguridad. Además, podría convertirse en una opción de crecimiento económico para la capital del país.

En agosto de 2009 se estableció en la Ley General de Salud que un individuo puede portar un máximo de cinco gramos de marihuana, siempre y cuando ésta sea para su consumo personal. Esto es ridículo, pues la producción y venta de dicha droga es ilegal en México.

Países como Holanda, Suiza, Inglaterra, Gales, Suecia, Portugal, Alemania y ahora también Uruguay, han legalizado su consumo, producción y distribución. Este hecho les ha traído resultados positivos y hasta se ha convertido en un mercado bastante redituable, ya que el Estado mantiene el control económico de la droga.

Por ello, se requiere un debate serio sobre su posible legalización, por lo menos en la Ciudad de México. Muchas personas que están en contra de este acto, argumentan que fomentaría un consumo descontrolado. Sin embargo esto es incierto, ya que en ninguna de las naciones antes mencionadas sucedió algo parecido.

Además, cuando se habla de una despenalización, es claro que tiene que ir de la mano con una fuerte campaña previa que eduque e informe a la ciudadanía sobre sus riesgos y amenazas contra la salud; no se les puede dejar a la deriva sin ningún tipo de información sobre el tema.

Ilustración: Monserrat Segura

Ilustración: Monserrat Segura

Se podrían hacer visitas a las escuelas del nivel básico, medio superior y superior, con el fin de informar a los jóvenes sobre los aspectos negativos del consumo de la marihuana; en las diferentes delegaciones se podrían realizar pláticas informativas sobre el tema; y en los medios de comunicación masiva también se podrían hacer campañas alusivas.

Asimismo, hay que considerar algunos datos claves: la marihuana es menos adictiva que el alcohol o el tabaco; el alcohol está presente en el 29 por ciento de los accidentes fatales, mientras que la marihuana sólo en el 2.5 por ciento; y las muertes a causa de intoxicaciones dictaminan que el 77 por ciento se debe al consumo de alcohol y sólo un 7.4 por ciento al de la marihuana.

Es increíble que sí estén legalizadas drogas que tienen índices de mortalidad altísimos, mientras que la marihuana se siga satanizando de una forma indiscriminada. Por tanto, debe abrirse otro debate con el objetivo de estudiar la posibilidad de regular más estrictamente la venta y consumo del alcohol y el tabaco.

Otro argumento utilizado en contra de una posible legalización es que los consumidores de marihuana son vagos y lastres para la sociedad; sin embargo, esto es falso. Según datos de la Encuesta Nacional de Adicciones, realizada en 2012, en el Distrito Federal existen entre 46 mil y 79 mil consumidores de esta droga; 70 por ciento de los usuarios tienen trabajo, 43 por ciento estudian y 20 por ciento estudian y trabajan.

No obstante, lo que preocupa es que el 78 por ciento la usaron por primera vez antes de los 16 años. Para contrarrestar esta cifra, son importantes las campañas de información sobre la materia en las escuelas, con el fin de que aquellas personas que decidan ser usuarios de la marihuana, lo hagan cuando hayan cumplido, por lo menos, la mayoría de edad.

Muchos sectores de la sociedad, principalmente los más conservadores, piensan que al legalizar la marihuana se abrirá la puerta del descontrol, pero no necesariamente tendría este efecto, pues al brindarle información suficiente a la ciudadanía, especialmente a los jóvenes, se evitaría su consumo generalizado.

En cuanto al rubro económico, la Ciudad de México tendría una posibilidad muy grande de obtener ingresos extras, mismos que servirían para luchar contra esta adicción. El Gobierno del DF tiene la posibilidad de encargarse de la producción, distribución y venta controlada de la marihuana. Y esto tiene sus ventajas; por ejemplo, la generación de nuevos empleos.

Necesitaría personas que trabajen en la siembra y cosecha de la cannabis, otras que realicen el proceso químico de su producción; trabajadores que las distribuyan; y, finamente, empleados que las vendan en los diferentes puntos de consumo, lugares regulados por el Gobierno.

Aquí entran cuatro puntos fundamentales. Primero, el Gobierno tiene la obligación de regular cuántos gramos pueden consumir en las tiendas de ventas –en Europa les llaman coffe shops–. Segundo, verificar que no se les venda más de cinco gramos para su consumo en casa –lo establecido por la ley–. Tercero, la venta a menores de edad debe estar prohibida. Y cuarto, no se puede consumir marihuana en la vía pública.

Ilustración: Monserrat Segura

Ilustración: Monserrat Segura

Al abrir coffe shops, el Gobierno tendría un mejor control sobre el consumo de esta droga y, sobre todo, podría generar turismo nacional e internacional; usuarios de estados o países donde no se ha legalizado la marihuana, encontrarían en la Ciudad de México una posibilidad muy tentadora.

Con el control de la venta de la cannabis y el turismo que tendría la ciudad se generaría mucho dinero, mismo que se debe utilizar para rehabilitar a los adictos no sólo a la marihuana, sino al alcohol y al tabaco; asimismo, se deben fortalecer las campañas en las escuelas, los trabajos y los medios de comunicación para informar a la sociedad sobre las amenazas a la salud que provocan estas drogas.

Es preciso señalar que es incierto que la legalización de la marihuana termine con el narcotráfico, pues no se sabe certeramente qué papel juega la venta de esta droga en su economía, ya que, lamentablemente, existen otros tipos de tráficos muy redituables para ellos, como la venta de drogas sintéticas, armas y trata de blancas, entre otros.

El debate está abierto. Es necesaria la participación de todos. El fin es llegar a un consenso que permita terminar a largo plazo no sólo con el consumo de la marihuana, sino de drogas más adictivas y peligrosas, como el alcohol y el tabaco. Y que los usuarios de la cannabis lo sean por una decisión propia y no por mera ignorancia.

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