Karla

Por Winkar Navarro

Todo fue para este momento, esas tardes de caminatas interminables de un lado a otro en la colonia Lagunilla, el tortuoso viaje en el metro en una mano bolsas gigantes y la otra aferrándose al tubo para no caer. Valió la pena entrarle a la tanda de doña Rosa, dueña de la carnicería, aún con la fama de pica ojos que la precede. Todo fue por Karla y su fiesta.

Afuera del salón Hacienda, el glamour hace presencia, hombres trajeados y mujeres con vestidos largos de colores estridentes, esperan el arribo de la limosina ochentera que transporta a la festejada.

En el interior, alrededor de la pista de baile, 25 mesas son cubiertas con manteles perfectamente parchados a base de dobleces para ocultar el desgaste, hasta lucen bien. “Uno, dos, tres probando, sí, probando, sí”. El audio, también está listo.

Por fin llega esa delgada y menuda muchacha que porta orgullosa, y feliz, un vestido verde. Fiel al espíritu barroco que caracteriza al mexicano, todo está adornado del mismo color. El chiquitibum a la bim-bom-ba a la bio a la bao a la bim-bom-ba se escucha al máximo, los flashazos la destellan. Todos ingresan, el Sonido Cha-cha-Charlie se anuncia y comenta:

—Sean todos bienvenidos a los XV años de la señorita Karlaaaaaa.

Serenidad, los invitados intercambian saludos y halagos, después toman educadamente su asiento. En la primer hora pura falsa cordialidad, tal vez con una o dos cucharaditas de hipocresía; todo permanece tranquilo.

Transcurridos 65 minutos, las luces se apagan y una quebradita comienza a sonar, los meseros salen corriendo en fila, portando cucharones encendidos que mueven rápidamente al ritmo de la música. Todos levantan las servilletas de tela y hacen círculos en el aire, el show emociona. Regresan por donde vinieron e instantes después comienzan a servir el banquete.

Las luces son tenues y cada mesa se alumbra con el brillo de una vela. La escena tan romántica es interrumpida cuando el camarógrafo intenta grabar hasta el último bocado que la gente prueba.

Terminan todos de cenar y los padres de Karla reparten los pomos, el sonido anuncia la primera llamada para el vals.

Cuatro jóvenes vestidos de smoking entran al salón. Son los chambelanes alquilados, ese gran negocio ha dejado atrás la costumbre de invitar a los primos, hermanos, vecinos y amigos a formar parte de la corte de honor. Les ahorró tediosos meses de ensayar coreografías.

Mientras los bailarines preparan la pirotecnia que explotará en el éxtasis del espectáculo, el sonidero anuncia la segunda llamada. La expectativa crece.

Charlie le pide a los asistentes ocupar su asiento, los chambelanes y la festejada toman la posición de inicio y comienzan a bailar suavemente el vals: ¡Bravo!, grita una de las tías.

Al pasar la entrada y el vals oficial, llega el momento del brindis y la coronación. Don Raúl, el anfitrión y padre Karla, dirige unas palabras a todos los que lo acompañan. No lleva más de dos segundos hablando cuando es interrumpido por el grito generalizado: quiere llorar, quiere llorar. Agradecimiento a la virgen de Guadalupe y a todos por acompañarlo, son los tópicos principales de su pequeño discurso.

Los bailarines salen corriendo al baño para realizar el primer cambió de vestuario, ocho minutos después, ya están de nuevo en la pista, ahora lucen pantalones de mezclilla, playeras largas y cachucha. El reggaetón comienza a sonar, todos los congregados miran contentos, excepto Raúl que observa como cuatro muchachos se frotan contra el cuerpo de su niña.

El segundo cambio de ropa es para la cumbia texana, varias piruetas alegran a todos.-otra, otra, otra-.Karla accede a lo que le pide su público.

Al concluir el espectáculo, arranca el bailongo, Cumbia, salsa, rock and roll, una mezcla variada desde los Ángeles Azules a Bill Haley, pasando por los Tigres del Norte, y por supuesto no pueden faltar las ya clásicas de Caballo Dorado. Al fin, después de cinco palomas se pierde la pena y se baila de todo.

Cuando el ambiente se encuentra en lo más alto, los globos, sombreros, silbatos y mechudos animan aún más los 15 minutos corridos de merengue y música tropical.

Ya de madrugada, el sonido calla y hace su aparición el mariachi cortesía del padrino, los tequilas sacan a flote al Vicente Fernández que algunos llevan dentro. Todo se transforma en un karaoke de borrachos.

No importan los desfiguros que pueda provocar el alcohol, Karla está contenta, todos sus amigos de la secundaria 227 estuvieron presentes, seguramente hablarán toda la semana de la fiesta, ella está feliz, lo bailado nadie se lo quita…

Anuncios

3 Respuestas a “Karla

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s