Cine apocalíptico: de sentimientos y regímenes

Por Juan Tolentino

Los temas apocalípticos han tomado fuerza en fechas recientes, en el que escritores, cineastas e incluso pintores y músicos generan conceptos a partir de estos sucesos, probables o no pero con una presencia cada vez más fuerte y profunda.

El fin del mundo, o por lo menos del sistema que nos rige, se ha manejado casi siempre de manera sombría, dejando de lado la percepción de un mundo utópico donde la sustentabilidad y equidad están presentes intermitentemente. En su lugar, obras como 1984, de George Orwell o Un Mundo Feliz, de Aldous Huxley, por ejemplo, presentan mundos ficticios, en donde el futuro de la época fue muy diferente al pasado que ya conocemos. Estas sociedades suelen encontrarse bajo regímenes que manejan desde los aspectos más básicos de sus habitantes como la economía o la política, hasta los más personales como los sentimientos y la reproducción, con herramientas psicológicas y de tecnología se convirtieron en una crítica al uso de las mismas en las épocas en que fueron escritas.

Brave New World y 1984

Brave New World y 1984

Sin embargo, estas obras y sus respectivas películas, entre las que podríamos también situar al clásico del expresionismo alemán Metropolis, reflejan aspectos de la “dignidad” del hombre, diría Theodor Adorno. ¿Qué pasa con trabajos más recientes, específicamente en el ámbito cinematográfico?

Hemos ido hacia el ámbito radical. En las películas de zombies, quienes comienzan a constituir un género aparte, por ejemplo, hallamos elementos del totalitarismo y el consumo de modos metafóricos, en el que la supervivencia en términos físicos es la clave. Aquí ya encontramos una especie de antítesis respecto al manejo del sistema respecto a 1984 o Un Mundo Feliz: ya no existe tal. Es sólo el hombre y su lucha contra enemigos que resultan ser intangibles, como un virus bacteriológico, pero también a causa de catástrofes bélicas o invasiones extraterrestres.

Cabe preguntar: ¿hemos caído de manera extremista a querer despreciar por completo el gobierno, ya sea democrático o totalitario en estos materiales? Aquí podemos hacer una división algo ambigua a través de dos ámbitos del cine: el comercial y el de arte.

En el cine comercial encontramos más la tendencia del régimen destruido, en el que el sobreviviente se halla en ocasiones con pérdidas familiares y materiales, pero que encuentra cierta libertad en el caos, omitiendo en algunas ocasiones obligaciones pero enfrentándose a problemas más inmediatos y mortales. Ejemplos: Dawn of the Dead, (George Romero, 1978); Independence Day (Roland Emmercih, 1996); 28 Days Later (Danny Boyle, 2002).

Por otra parte, en el cine de arte tiende más a la reflexión de la condición del ser humano en la soledad y cuestiones morales frente a situaciones de supervivencia. El teórico alemán cinematográfico Siegfried Kracauer, de la Escuela de Frankfurt, decía que los espectadores del cine son testigos de la realidad y que una actitud de conocimiento “implica una suerte de poner entre paréntesis el mundo para luego analizarlo en detalle”, dando paso a la destrucción del mundo más como una metáfora. Ejemplos: Offret (Andréi Tarkovsky, 1986); The Road (John Hillcoat, 2009); Melancholia (Lars von Trier, 2011).

Tenemos así dos escenarios que suelen ser recurrentes en las recientes producciones, y donde cabría reflexionar sobre qué tanto reflejamos el gusto por la cinematografía y la pauta que da hacia lo personal en el cine de arte.

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